Porto Alegre en la noche

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Puestos en el Hotel el Sábado por la noche, esta la idea de salir a disfrutar la noche. Claro, aquellos que han andado de parranda, quieren ir a dormir un rato antes de salir. Yo tengo hambre. Quienes tienen hambre apuntan a una hamburguesa. Estas están a pocos pasos del hotel. Cavanhas, tiene su propia versión de lo que es una hamburguesa, asi como de lo que es pizza. Las hamburguesas incluyen huevo, maíz y garbanzos, con tamaño descomunal. Yo pedí carne, la cual es en trozos. Algunos se aventuraron a probar las de corazón de pollo. Por otra parte la pizza tiene pedazos de churrasco.

Volví a la habitación y estuve ayudando a Nushio a probar su empaquetado para control de dispositivos blue-tooth. Las pruebas fueron infructuosas, luego de todas las peripecias para obtener internet en la habitación. Cuando ya estaba pensando que la noche acababa e iba a dormir. Llamaron para la juerga.

Iniciamos en el Bar Pingüino, era la elección predilecta para los linuxeros. Fue imposible tener un momento serio en la mesa. Todo inició con la caida de una cerveza, que no significo perdida del vital líquido. Pero puso en cadena que se quebrara un vaso en la mesa y que el mesero hiciera malabares, salvando su bandeja, menos un vaso. Ya con dos vasos quebrados el bar hizo una ovación. Tatica (Venezuela) reto a Dennis (Estados Unidos) a la tercia.

Lo insólito fue cuando aparecieron tres personas al lado de nuestra mesa. Dos amigas de la frontera, Luisa (Uruguay) y Michelle (Brasileña), ambas fluentes en ambos idiomas. El tercero era todo un personaje de sexualidad indeterminada, sin embargo este desapareció. Aparentemente las muchachas buscaron al grupo porque se sintieron intimidadas por el extraño. En cualquier caso a mi me pareció que buscaban cerveza gratis.

La idea era ir a la disco de la noche anterior llamada Opiniao, donde los que salieron la habían pasado muy bien pero a sugerencia de las muchachas nuevas seguimos a un bar Pé Palinho que tenía predominantemente música brasileña. Siendo un grupo grande, nos robamos un espacio en el segundo piso e hicimos nuestra rueda. La mayor parte del tiempo solo meciendonos al ritmo, con ataques fotográficos, alguna media bailadito, más cereveza y un juego de “la plancha” en un sofá. La brasileña que era bien alta, terminó resultando una gran bailarina de samba e intento enseñarle algo a Torshido (Estados Unidos) quien a final prefirió seguir con su baile “orgánico”.

El regreso al hotel dejo a Diego y Rodrígo (Brasil) con las chicas en el bar. De forma increible al llegar a la habitación confirme la hora. 5:50am

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